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Viajar a Rumanía

He editado tantas veces este post, que cualquier comienzo ya no le encuentro sentido. Iba a ser un post de post vacaciones, después de final de año, y ahora… en fin… que se queda en un post de esos que quiero hacer, para que lo dejo para el final.

Me gustaría hablar de algo más personal, de algo que llevo por bandera allá donde voy y que he tratado más bien poco en el terreno online. Menos en Instagram, que allí sí que doy más rienda suelta.

Hoy quería hablaros de los orígenes. De cómo cada uno está ligado a su tierra, por muchos otros firmamentos que toca. También es verdad que uno echa raíces allá dónde quiere, pero que a veces, es en el origen donde uno halla las respuestas. ¿A qué? A todo aquello que se pregunta.

Cada año, en verano, intento volver a las raíces. A rescatar memorias, a recordar sabores y a amar en mi idioma, en romaneste.

Vuelvo a la tierra del Danubio, de las leyendas de vampiros, del pueblo de los dacios, de los ajos y el trigo… tierra con sabor y tradición, Rumanía

Casi todos los viajes que hacemos a Rumanía, siempre comienzan por el sur. Ahí donde la familia aguarda pacientemente nuestro regreso. Los primeros días se pasan alrededor de la mesa, donde todo ocurre: se come, se ríe, se llora, se ama… alrededor de la mesa.

 Se vuelve a pisar por los recuerdos, por donde nada ha cambiado, excepto tú. El paso del tiempo es arrollador. Las motas del polvo casi siguen en el mismo sitio, mientras tú has volado km de un lado a otro.

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de viajar por mi país. No todos conocemos todo de nuestras tierras, siempre miramos otros destinos, más exóticos en busca de algo que bien bien no sabemos. Mientras las respuestas siempre las encontramos en los orígenes. Por eso, dejamos nuestro amado sur con lágrimas en los ojos, y enderezamos nuestro viaje hacia las tierras norteñas, allá dónde el frío se siente hasta en las noches de verano. Maramures. El fascinante territorio que limita con Ucraïna, donde los vínculos entre los dos países se sienten en la cultura, en la religión, en las costumbres y en la gastronomía.

El pueblo morosan, caracterizado por su firmeza y determinación, muestra una vida dedicada a la agricultura, a los animales y a la religión. Una región profundamente marcada por monumentos religiosos, como las 8 iglesias de madera declaradas patrimonio de la UNESCO, junto al Cementerio Alegre que desde 1935 recoge las historias de las muertes de los vecinos de la localidad, Sapanta.

Una verdadera experiencia pasear por el cementerio, donde el tiempo se para y la muerte recobra el protagonismo que le ha arrebatado el futuro. Un instante de realidad en un mundo etéreo y lleno de incertidumbres.

No tiene ningún desperdicio ni el viaje, ni las costumbre, ni la gastronomia. Os dejo con algunas de las instáneas que recogí con mucha dificultad, porque lo que más me gusta cuando voy de viaje con la familia, es disfrutarlo.

Pero no quería dejar pasar esta oportunidad, para abrir un poco más las puertas a ese país latino, en medio del Este, ese tan raro, que cada vez más, los occidentales se atreven a descubrir.

Espero que vengas vernos mientras tanto recogemos nuestro último aliento y nos volvemos a nuestras queridas tierras mediterráneas, que nos han visto crecer y que son nuestra vida.

Idioma hablado: rumano, pero te puedes entender en inglés y también en español en amplias zonas.

Moneda: LEI

Religión: Ortodoxa, la mayor parte.